En una ocasión, una mujer se presentó ante el Rebe pidiéndole una bendición por demás significativa.
—Si usted trajera al Mashíaj, todas nuestras plegarias habrían hallado respuesta.
El Rebe respondió:
—Estoy listo, pero necesito la cooperación de todos los judíos a mi alrededor.
Sin dudarlo, la mujer corrigió su pedido:
—(Entonces,) una bendición para que nos esforcemos más por traerlo.
—Sí —respondió el Rebe con una sonrisa.—Y cuanto antes, mejor.1
Si hay algo por lo que el Rebe, y Jabad en general, son conocidos es por su ferviente creencia en la inminente llegada del Mashíaj. A veces de manera implícita, pero más a menudo explícita,2 en casi todas sus alocuciones, enseñanzas y encuentros, el Rebe reveló esta preciada y sincera aspiración: Ver a nuestro mundo imperfecto entrar en una era de paz y plenitud, libre de guerras y sufrimiento, colmada de revelada bondad y de la búsqueda del conocimiento divino.
Sin ahondar demasiado en los detalles de la filosofía y la profecía judías, el Mashíaj es el principal personaje metahistórico, constantemente ausente y potencialmente presente en todo momento, a lo largo de nuestra historia de creación y redención. Su inevitable llegada señalará la redención definitiva y el fin último de la historia, cuando el mundo sea rectificado y la presencia Divina sea evidente para todos, aquí, ahora, en nuestro mundo,
Según el Rebe, este gran objetivo nos corresponde a nosotros concretarlo. Desde su primer discurso como Rebe hasta los últimos momentos de su liderazgo, dejó clara una cosa. Si queremos al Mashíaj ahora, depende de nosotros.
Sigue soñando
Para el Rebe, la llegada del Mashíaj era su sueño de la infancia. Desde su más tierna niñez, y a pesar de los tiempos inmensamente difíciles que le tocó vivir, nunca dejó de alimentar el sueño de la llegada del Mashíaj. En una carta dirigida a Itzjak Ben-Zvi, segundo Presidente de Israel, el Rebe escribió:
"Desde que era niño y asistía al jéder (escuela judía), e incluso antes aun, empezó a tomar forma en mi mente una visión de la redención futura: la redención de Israel de su último exilio, una redención que explicaría el sufrimiento, los (nefastos) decretos y las masacres del exilio.”3
De muchas maneras, fue esta visión la que hizo que el Rebe fuera único entre otras destacadas figuras judías de nuestro tiempo. La mayoría de los líderes ven su vida e impacto en función de su generación específica, pero el Rebe veía su rol a través de la perspectiva más amplia de la historia judía y mundial en su totalidad. Él veía a su generación como un todo, y al mismo tiempo como una pequeña pero crucial parte de un proceso mucho mayor que culminaría en la redención definitiva de la creación misma, producto de los esfuerzos mancomunados de todos y cada uno de los individuos.
De hecho, la misma noche en que asumió el liderazgo de Jabad-Lubavitch, el 10 de Shvat de 5711 (1951), en su discurso intitulado Bati L'gani, el Rebe afirmó enfáticamente que, tras miles de años de pequeños pasos y grandes avances desde Adán y Eva en el Jardín del Edén, en este preciso momento de la historia “Depende de nosotros completar la obra y dar paso a la redención final”.4
¿Pero, exactamente, qué significa esto para nosotros y cómo se relaciona con nuestro propósito individual?
De arriba hacia abajo
Para comprender las profundas implicaciones personales del llamado a la acción del Rebe y dónde encaja cada individuo en la trayectoria final de la historia del Mashíaj, debemos primero adentrarnos en dos modalidades paradigmáticas que enmarcan el viaje del mundo desde el génesis hasta la redención: mil'mala l'mata, “de arriba hacia abajo”; y mil'mata l'mala, “de abajo a arriba”.
Esos dos sistemas enmarcan el arco narrativo de la creación y nos ayudan a comprender los diversos movimientos e hitos que conducen al gran suceso del capítulo final, y por qué cada alma y el cumplimiento de su propósito Divino desempeñan un papel tan esencial en la llegada del Mashíaj.
Como ya lo expusiéramos en el capítulo 2, el propósito de la creación es nada menos que la unión en matrimonio de cielo y tierra; es decir, que la presencia unificadora de Di-s impregne la conciencia humana.
Como dice el Midrash, "Di-s deseó tener una morada en los reinos inferiores".5 Es decir, de entre todos los elevados reinos, dimensiones y mundos descriptos por los Sabios y místicos, Di-s eligió este universo físico como Su morada definitiva.
El medio para alcanzar este fin último, conforme con las enseñanzas de la Cabalá y la escuela jasídica, es reunir y elevar las chispas Divinas que permanecen ocultas en toda la creación y en las circunstancias de nuestra vida cotidiana, revelando así la presencia y la Providencia de Di-s en el mundo, en todas partes, siempre y para todos.
Según los Sabios, hay dos procesos para rescatar y redimir esas chispas: de arriba hacia abajo y de abajo hacia arriba.
El primero, mil'mala l'mata, se refiere a un proceso que va desde lo celestial hacia lo mundano, de Di-s hacia la creación y la humanidad.
En este modelo descendente, lo Divino impone Su verdad y Su voluntad sobre el mundo y sobre sus habitantes.
Este modo puede verse en los relatos de la Torá sobre milagros, catástrofes y otras expresiones pasmosas del poder Divino que dieron forma al mundo y a la humanidad de manera explícita y espectacular. El diluvio universal, el éxodo de Egipto y la posterior entrega de la Torá en el monte Sinai son tres ejemplos emblemáticos de esta dinámica.
El fundador de la escuela jasídica Jabad, R. Schneur Zalman, conocido como Alter Rebe, ofreció una imagen para ilustrar este paradigma de redención, describiendo el proceso como análogo a velas encendidas atraídas hacia una antorcha ardiente.6 Según esta analogía, las llamas son atraídas hacia un epicentro espiritual, que las absorbe e incorpora dentro de sí mediante su puro y abrumador poder y potencia, afirmando su propia verdad y centralidad en lugar de inspirarlas o evocarlas desde su entorno original. Según este modelo, la fuente de santidad es única y está altamente concentrada en un solo lugar.
Ventajas: Este proceso es excepcionalmente eficiente e incuestionablemente eficaz.
Desventajas: Este proceso no afecta en absoluto al entorno natural ni al portador de la llama, el cual permanece sin refinar ya que la llama surge repentina y enérgicamente del recipiente mundano que la contiene (y por eso es que la llama se eleva sin haber refinado previamente a su portador, el cuerpo). La transformación espiritual producto de este proceso es impuesta y, por lo tanto, en última instancia, superficial.
De abajo hacia arriba
El segundo enfoque de la redención, mil'mata l'mala (de abajo hacia arriba) se inicia parte desde lo terrenal hacia lo celestial, de la creación al Creador. En este modelo ascendente, la conciencia de la Divinidad en el mundo surge orgánicamente del contexto de la percepción, la experiencia, el esfuerzo y la lucha de la persona.
En este modelo, la fuente de poder y elevación espiritual está descentralizada y distribuida ampliamente por todo el mundo y por toda la humanidad. En consecuencia, cada uno de nosotros se convierte en un agente Divino para elevar todas las chispas, en todas las personas, lugares, tiempos, situaciones y objetos.
Ventajas: Este proceso de elevación es orgánico, localizado, nato y holístico, lo que facilita una redención más completa y exhaustiva del "mundo inferior", ya que la verdad divina se obtiene y revela internamente en lugar de imponerse externamente (desde lo Alto). Este enfoque da lugar a un proceso más auténtico y global de transformación de todo el sistema.
Desventajas: Este proceso es mucho más lento y depende del esfuerzo gradual, emergente y de base, de faroleros (que enciendan luminarias, cual maestros que enciendan almas) e individuos de todo el mundo, comprometidos a elevar las chispas locales dentro de cada lugar, cultura y contexto. En comparación con la abrumadora eficacia del enfoque descendente, el enfoque ascendente de la redención es mucho más gradual, impredecible y laborioso.
Ahora, que hemos presentado estas dos orientaciones epistemológicas, podemos explorar de forma más productiva su relación con nuestra vida personal en el contexto de la historia cósmica del Mashíaj, tal y como el Rebe lo entiende.
De revolución a evolución
A lo largo de la historia, conforme a las enseñanzas de la escuela del jasidismo Jabad, se ha producido un cambio gradual del modelo descendente (de arriba hacia abajo) de redención y unificación a un modelo ascendente (de abajo hacia arriba). Se trata de un cambio paradigmático desde la revolución hacia la evolución, y puede observarse en dos contextos críticos: los sucesivos movimientos diaspóricos del pueblo judío desde un núcleo centralizado hacia todos los rincones del mundo,7 y, en cuanto al propósito individual, en la distribución gradual de la autonomía espiritual y el libre albedrío (proceso gracias al cual las personas pasaron a tener un rol más activo y autónomo en su relación con lo Divino).
De Adán a Abraham, de Moisés a Josué, de los jueces a los profetas, de los kohanim a los rabinos, y de los rabinos a cada individuo, durante la mayor parte de la historia de la humanidad el modo descendente fue el predominante. La presencia y autoridad de Di-s, cuando se manifestaban, eran abrumadoras y evidentes. Por ejemplo, al “nacimiento” del pueblo de Israel, su existencia y realidad estaban abiertamente impregnadas de lo sobrenatural, lo milagroso y lo revelador, desde las diez plagas hasta la división del Mar Rojo, el maná que caía del cielo y los numerosos milagros que enaltecieron al pueblo judío en su odisea formativa de cuarenta años a través del desierto.
En aquellos primeros tiempos de la historia judía, la fuerte y desbordante presencia de Di-s tenía un efecto directo en cómo las personas entendían la realidad y tomaban decisiones. Para el individuo, el libre albedrío —esa capacidad de elegir y darle sentido y valor redentor a toda acción— fue eclipsado por el mandato divino. Tan revelada y masiva era la presencia de Di-s en la vida judía, que desviarse de la Voluntad divina tenía consecuencias físicas inmediatas y severas, como el tzaraat: la afección cutánea bíblica causada por el chisme. En el plano social, religioso y cultural, ello se manifestaba en la regla uniforme y omnipresente de la ley religiosa. En pocas palabras, en tiempos bíblicos, el pueblo judío no tenía muchas opciones fuera de cumplir los mandamientos cuando las consecuencias de diversas transgresiones eran tan concretas, incluyendo el castigo corporal y, en casos más extremos, la pena capital.
Eso, difícilmente pueda llamarse “libre albedrío”. Es más, incluso cuando los milagros manifiestos de Di-s fueron desapareciendo de la historia, los líderes espirituales, desde los profetas hasta los kohanim (sacerdotes), fueron designados como intermediarios o intérpretes autorizados de la Voluntad divina. Este modelo jerárquico reforzó una postura pasiva de deferencia y dependencia en la vida de la gran mayoría de las personas. Pero el tema no termina ahí. A medida que la historia avanza y la humanidad experimenta grados cada vez mayores de libre albedrío, se produce una concurrente realización del proyecto Divino para la elevación de —y desde dentro mismo de— los "mundos inferiores" a través del vehículo más difícil pero, en última instancia, más significativo y abarcador, de la elección individual.
En promedio, este modelo de redención puede resultar en innumerables decisiones equivocadas, errores y una disminución de la adhesión religiosa en general. Sin embargo, a pesar de estos riesgos y desventajas, el enfoque de abajo hacia arriba fue la prescripción del Rebe para nuestro tiempo, un tiempo de autenticidad radical, impulsada por el propósito, que daría la bienvenida al Mashíaj gracias a la suma de iniciativas emanadas de los individuos (por propia elección de las personas más que una imposición desde lo Alto.)
De hecho, el Rebe apoyó este enfoque, precisamente porque la llegada del Mashíaj, que depende de la redención de los "reinos inferiores", requiere que se complete la transición de la creación desde mil'mala l'mata hacia mil'mata l'malá (transición desde arriba-abajo hacia abajo-arriba.)
Para ello, la redención debe surgir orgánicamente desde los rincones más bajos, lejanos y oscuros de la creación.
Como dijo el Rebe:
Entonces, cuando [hemos construido un Templo en Tierra Santa y así] parecíamos estar cerca del cumplimiento de nuestro viaje, Di-s anunció, en efecto: Este no es aún el paso final. Cierto, una luz Divina brilla en el Templo de Ierushaláim propagándose desde allí a todo el mundo, pero no es ése el objetivo. La meta es más elevada aun. El objetivo no es que un fuego brille en un único lugar y que el mundo entero se beneficie de su luz, sino que la fuente misma de luz llegue a cada lugar. En cada rincón del mundo emanará una energía Divina. Mientras quede un rincón donde la luz no brille por sí misma, esto es prueba de que la luz es limitada. Cuando brille la luz infinita de la verdad, iluminará cada lugar y cada rincón. 8
El pájaro libre
Reflejando esta etapa final de la historia, el Rebe insistió en que faltaba una última pieza del rompecabezas llamado redención: la distribución y transferencia de la responsabilidad espiritual por el estado de la redención mundial —que antes recaía en el líder— a cada persona de forma individual.
En su primer discurso, el Rebe afirmó con audacia y enfáticamente:
"...Ahora estamos muy cerca de los pasos del Mashíaj; de hecho, estamos en la conclusión de este período [de redención global], y nuestra tarea espiritual es completar el proceso de atraer la Shejiná [Presencia de Di-s] específicamente a nuestro mundo inferior.9
Tras presentar, en esta enseñanza inaugural, los lineamentos de marcha (de su liderazgo), el Rebe enmarcó el mencionado y definitivo cambio de paradigma compartiendo una frase coloquial en yiddish: "Leigt zij nit arayn kayn foigelaj in buzem", textualmente: "No pongas pájaros en tu pecho".
Esta curiosa frase se remonta a la antigüedad y se refiere a alguien que pone un pájaro en su bolsillo y se lanza al vacío, creyendo que las alas de otro le permitirán volar.10 La referencia era una clara declaración de que había llegado el momento de que cada individuo asumiera la responsabilidad de su propia elevación, y también la elevación del mundo todo. El tiempo de la dependencia pasiva de la guía verticalista de los líderes espirituales había quedado atrás. Como explicó el Rebe, la interpretación tradicional del versículo —“El tzadik vive por su fe”— sostenía que la salvación de uno dependía de su fe en el tzadik. Sin embargo, ahora había llegado el momento de que cada uno de nosotros se transformase en el tzadik, de que despleguemos nuestras propias alas y utilicemos todo el poder que Di-s nos ha conferido para hacer nuestra parte individual en la llegada del Mashíaj. Todos y cada uno de nosotros debemos abrazar nuestro rol como socios de Di-s, dotados con nuestra propia porción de Providencia y de una misión sagrada para convertirnos en una fuente de luz en nuestro propio rincón de la creación.
Pasando la batuta
Casi cuarenta años después de esa primera proclamación que cambió el paradigma, y después de innumerables campañas y esfuerzos dedicados a la realización de su sueño de la infancia, el Mashíaj aún no había llegado. En el farbrenguen de Purim en 5747 (1987), el Rebe —rodeado de cientos de Jasidim— comenzó a exponer en tono bajo y parejo sobre las razones de la demora del Mashíaj y de nuestro valioso rol en su llegada final.
"En cuanto a la discusión sobre el tema de la redención, cabe preguntarse: ¿Por qué este repentino cambio de énfasis? El tema no es nuevo, Di-s no lo quiera... pero ha habido un cambio en los últimos años... Se trata de un tema que ha sido mencionado en los farbrenguens durante los primeros años (de este liderazgo), así como por todos los Rebes anteriores. Pero nunca como tema principal. En especial, no de la misma manera que últimamente, cuando específicamente seleccionamos y resaltamos aquellos discursos jasídicos que explican que la verdadera y última redención está conectada a las acciones de cada individuo particularmente. En palabras de Rambam (Maimónides): 'jóvenes y ancianos por igual,' y tal como Rambam dictamina, 'una buena acción, palabra o pensamiento puede traer la salvación a uno mismo y al mundo entero.' ...El Talmud, ya en su época, declaraba que 'todas las «fechas límite» para la redención han vencido; y ahora (la redención) sólo aguarda el arrepentimiento [el cual que depende de cada individuo]'."
El Rebe citó numerosas "fechas límite " predichas por eruditos y Sabios a lo largo de la historia judía. Y cada una de esas "fechas límite" ha transcurrido sin materializarse; sin embargo, el tema del fin de la historia y la llegada del Mashíaj persistía, con nuevas variantes pronunciadas en fecha tan reciente como 1906 por el quinto Rebe de Lubavitch, R. Shalom DovBer, conocido como Rebe Rashab.
"El Talmud afirma que ‘todas las fechas límite han pasado', pero aún así el Rebe Rashab habló de una ‘fecha límite’ [que no se ha cumplido]..... Después de esa reunión, no se habló del tema durante décadas, hasta que mi suegro, el Rebe, comenzó con la campaña: 'Inmediato arrepentimiento, inmediata redención', y ordenó específicamente que se publicara y difundiera...
Esto refuerza aún más nuestro interrogante: ¡¿Cuánto tiempo más debemos aguardar al Mashíaj?! Hubo una fecha límite predicha por el Rebe, pero desde entonces han transcurrido décadas... Así que busqué una respuesta y la única explicación que puedo encontrar es la siguiente: La Torá expone: 'El líder de la generación es toda la generación'. Pero ahora la responsabilidad debe ser transferida a 'la generación', es decir a cada judío individualmente.
"En el pasado, el estudiante promedio confiaba en el Rebe [en que guiaría a sus seguidores hacia la redención]. Ellos eran parte de sus esfuerzos, pero dependían del Rebe para obtener los resultados; sin embargo, a pesar de esto, la redención no llegó. Hoy, aunque la generación pueda ser espiritualmente más débil, al mismo tiempo estamos más próximos al instante de la redención... Esto requiere que incrementemos nuestros esfuerzos al respecto. ¿Y qué puede hacer cada uno? Debemos redoblar todos los esfuerzos para dar a conocer a cada judío que, con su sola acción, con su sola palabra o con su solo pensamiento… ¡cada acto suyo puede verdaderamente traer la redención al mundo entero! Así que, aunque en el pasado uno confiaba en los Rebes y en las fechas límite predichas por ellos, ahora que han pasado décadas desde la predicción de la última 'fecha final', es obvio que lo único que queda por hacer es alertar a cada judío de que ahora es su responsabilidad personal, y debe evaluar sus acciones para traer la redención. No hay alternativa ... esto depende de ti y de él...y de cada hombre mujer y niño… y de todos juntos.”11
De acuerdo con el Rebe, es hora de que cada uno de nosotros active su punto más profundo de santidad y rectitud. Ningún líder, por más eminente que sea, puede hacerlo por nosotros. 12
Todo depende de ti
En última instancia, el Rebe veía la historia judía a través de la lente de una vida humana. Como un bebé, cuyos primeros pasos y desarrollo requieren atención constante y cariño reconfortante; el pueblo judío, en su infancia nacional, requirió milagros manifiestos y la revelación de la Divinidad para ayudarnos a aprender a salir de Egipto. Este cuidado espiritual continuó, a medida que Israel crecía, mediante revelaciones divinas y al amparo del ala de los kohanim (Sacerdotes), profetas, jueces y reyes. Pero con el paso del tiempo, el pueblo judío continuó madurando espiritualmente; y junto con dicha maduración, la Presencia revelada y la Providencia de Di-s disminuyeron correspondientemente. Este camino ha creado las condiciones para que crezcamos en nuestra propia fe y desarrollemos una conexión con Di-s y una visión espiritual que surge desde dentro, sin presión externa y ni siquiera revelación. Esto nos ha brindado la excepcional oportunidad de manifestar el nivel más elevado, profundo y supremo de fe desde abajo, dentro del contexto de nuestra propia vida cotidiana. A pesar de todas las luchas y conflictos que conlleva, esta oportunidad y su materialización son la máxima expresión de mil'mata l'mala (dirección abajo hacia arriba), y la precondición, aún no cumplida, de la llegada del Mashíaj.
"Mientras la obediencia de un judío a la voluntad de Di-s esté motivada externamente —por muy encomiable que dicha motivación sea en sí misma—, aún no es absoluta", escribió el Rebe en una carta. 13
De hecho, de las muchas alocuciones y declaraciones públicas durante el período en cuestión, se desprende claramente que el Rebe estaba preparando conscientemente a sus seguidores para que tomasen la posta de su mano.
A través de todo ello, un mensaje radical resuena alto y claro: no podemos confiar en la "ayuda" externa. Debemos encontrar la luz eterna dentro de nuestras propias almas y encenderla, no una vez, sino otra y otra vez más, por medio de buenas acciones, el cultivo de una perspectiva providencial y expresiones decididas y apasionadas de santidad y fe. Si queremos al Mashíaj ahora, depende de nosotros.
"¿Qué más puedo hacer para que todo el pueblo judío se levante y clame con sinceridad y traiga efectivamente al Mashíaj en la realidad…? Todavía estamos en el exilio... y, lo que es más importante, en un exilio interior en lo que respecta al servicio a Di-s", exclamó el Rebe en la primavera de 1991. "Lo único que puedo hacer es dejar la tarea en manos de ustedes: Yo he hecho mi parte. A partir de ahora, hagan ustedes todo lo que puedan hacer.”14
Es precisamente esta distribución de la responsabilidad Divina, replicada y escalada (dentro de cada individuo), la que define el cambio paradigmático que el Rebe trató de inspirar y fortalecer en cada uno, en el pueblo judío y en la humanidad en su conjunto. Ahora depende de cada uno de nosotros redimir nuestro rincón del mundo como parte de un esfuerzo providencialmente ordenado para llevar la historia a su gloriosa y final realización. Cada uno de nosotros, uno a uno, paso a paso, chispa a chispa, lo haremos a nuestra manera, en nuestro propio lugar y tiempo. Pero el objetivo es el mismo: abrazando nuestro propósito Divino, finalmente daremos la bienvenida a Di-s en Su jardín celestial de delicias terrenales.
Con esto en mente, en cuerpo, alma y corazón, durante toda su vida, cada día, de todas las maneras, el Rebe nos recordaba: Ya no estamos esperando al Mashíaj...
Mashíaj nos está esperando a nosotros.
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