En una ocasión, el Rebe recibió una carta de un hombre que luchaba contra sus sentimientos de ineptitud y una depresión crónica. Le escribió al Rebe que no veía ningún valor en seguir viviendo y que estaba contemplando la posibilidad de quitarse la vida. El Rebe le respondió:

"Seguramente sabes que uno de los fundamentos de nuestra religión y nuestra Torá es tener bitajón [confianza] plena en Hashem, Cuya benevolente Hashgajá Pratít [Providencia Divina] se extiende a todos y cada uno individualmente, y que Él es justo y benévolo... Esto ciertamente no deja lugar para el pesimismo ni la desesperanza, Di-s no lo permita.

"En cuanto a que te preguntes cuánto puede valer tu vida tal y como están las cosas ahora, es incomprensible, ya que seguramente conoces la máxima de nuestros Sabios, referida a todo judío, sin excepción: 'Fui creado para servir a mi Creador'.

¿Podría haber algo más importante en la vida que una tarea y una misión tan especiales, divinamente asignadas?”1

A las innumerables almas heridas con las que se encontraba, el Rebe les ofrecía la poderosa y afectiva medicina de la responsabilidad Divina, que, insistía, podía iluminar el camino para salir incluso del abismo espiritual más profundo. A aquellos que sufrían de depresión, traumas, desesperanza e incluso pensamientos suicidas, el Rebe les enseñaba que no era necesario hallar una razón para vivir. Más bien, como en la historia anterior, enseñaba que cada persona nace con la mayor razón de todas para vivir: una misión única, Divinamente designada, que sólo su alma puede cumplir.

Él te necesita

Esa fue la terapia ofrecida por R. Manis Friedman a un joven abatido que había sido hospitalizado por haber intentado suicidarse. Tras fracasar en sus intentos por lograr sus objetivos, el joven llegó a la conclusión de que carecía de todo valor y se convenció de que el suicidio era su única opción. Pero también allí fracasó. Había tocado fondo. Mientras estuvo hospitalizado recibió varias visitas, ninguna de las cuales había sido capaz de ayudarle a salir de la voraz oscuridad que amenazaba con consumirle.

R. Friedman, un Jasid del Rebe, llegó y encontró al muchacho en su lecho mirando la televisión desganado, una imagen de desesperanza. El muchacho apenas reconoció al rabino, y antes de que pudiera siquiera saludarle, el joven le dijo en voz baja:

—Si usted está aquí para decirme lo que acaba de decirme el cura, ya mismo puede retirarse.

—¿Y qué te ha dicho el cura? —respondió el sorprendido rabino tras haberse recompuesto de la “bienvenida” del muchacho.

—Me dijo que Di-s me ama, lo cual es una gran tontería. ¿Por qué Di-s me amaría justo a mí?

Para R. Friedman era evidente que este joven había perdido de vista su propio valor y propósito, y que se consideraba completamente indigno de ser amado a la luz de su autopercibido fracaso.

—Puede que tengas razón —respondió.

Era lo último que este joven esperaba oír de un rabino. Y ahora prestaba atención. El rabino continuó diciendo:

—Pero una cosa es segura. Él te necesita... El mero hecho de que hayas sido creado significa que Di-s te necesita. El tenía mucha gente antes que ti, pero Él te agregó a ti a la población del mundo porque hay algo que solo tú puedes hacer y que nadie más puede. Y si aún no lo has hecho, es aún más crucial que continúes viviendo, para que puedas cumplir tu misión y así puedas brindar al mundo tu don único.”2

Haciéndose eco de la perspectiva del Rebe, R. Friedman ofreció el único camino para salir de semejante sesgo autodestructivo capaz de arrastrar a muchos a un abismo de desesperanza. Puede ser habitual recordarles a quienes se encuentran en tal situación lo mucho que son amados. Pero el rabino, basándose en las enseñanzas del Rebe, ofreció una técnica diferente para recibir el amor sanador y redentor de Di-s: una vida con un propósito arraigado en el servicio desinteresado hacia Di-s y hacia la humanidad. Esta conciencia redentora era la medicina contra lo que se había convertido en una enfermedad casi mortal: un egocentrismo sobredimensionado que dejaba muy poco espacio para Di-s y el propósito sagrado, singularmente inspirador, que Él había entretejido en la vida del joven.

Una y otra vez, en lugar de limitarse a decir a las legiones de almas doloridas y quebradas que acudían a él en busca de guía y apoyo, que simplemente eran amadas, el Rebe insistía en que debían amar, tal y como habían sido creadas para hacerlo, a su propia y preciosa manera.

Del ego al servicio

En una ocasión, el Rebe compartió este sanador punto de vista con la renombrada psicóloga clínica y escritora Dra. Ruth Benjamin. Durante una audiencia privada, Benjamin había pedido al Rebe que compartiera sabiduría para las personas que sufrían, como uno de sus pacientes que tras intentar suicidarse fue salvado por la Dra. Benjamin, que intervino y lo llevó al hospital a tiempo para salvarle la vida. Posteriormente, durante su recuperación, el paciente había desconcertado a la Dra. diciéndole: "Usted es responsable de que yo esté vivo. Ahora deme una razón para vivir".

Al no haber podido dar una respuesta satisfactoria en el momento, la Dra. Benjamin preguntaba ahora al Rebe qué recomendaría decir a alguien con un pedido similar.

"Dile que él es parte del mundo de Di-s", respondió el Rebe. "Y eso significa que debe rendirle cuentas a Di-s.”3

La respuesta del Rebe resuena como una verdad simple y monumental: ¡Tú importas! Eres una parte indispensable del gran proyecto de Di-s, y por lo tanto tienes el deber de vivir a la altura de Su fe en ti.

Este punto les llevó luego a una discusión sobre los medicamentos contra los suicidios por desesperanza, incluyendo a algunos pacientes para quienes las experiencias del Holocausto les habían causado una angustia insoportable. El Rebe sugirió a la Dra. Benjamin que dijera a sus pacientes judíos que, con tantos judíos asesinados, quienes hoy están en vida tienen doble deber. Deben vivir no solo por sí mismos, sino también por quienes ya no están.

"Cuando se den cuenta de esto, descubrirán que su propia angustia pasará", afirmó.

Una y otra vez, el Rebe enfatizó este punto crucial: Para aquellos que sufren de devastadora desesperanza, incluso hasta el límite de la autodestrucción, la manera de salir de semejante abismo existencial es cambiar nuestro enfoque centrado en el ego a un enfoque centrado en el servicio, ya sea a Di-s o a quién encontremos en el camino hacia nuestro propósito Divino.

Corazón de tinieblas

En el caso de los pacientes del Dr. Benjamin, y de forma sistemática en sus enseñanzas públicas y consejos privados a quienes se encontraban en situación de crisis y necesidad, el Rebe compartía esta perspectiva, que es sorprendentemente similar a la adoptada por el psicólogo y neurólogo austriaco, Dr. Viktor Frankl. De hecho, el Rebe escribió con admiración sobre el enfoque terapéutico del Dr. Frankl: "Es obvio [que] algunos médicos han ayudado y curado a sus pacientes de forma directa, especialmente desde que un profesor (el Dr. Frankl) tuvo el coraje de declarar y anunciar que, contrariamente a la opinión del célebre fundador del psicoanálisis (Freud), la fe en Di-s y la inclinación religiosa en general, la cual da sentido a la vida, etc., es una de las formas más eficaces de sanación.”4

La novedosa perspectiva del Dr. Frankl sobre la resiliencia y la sanación se vio profundamente influida por sus propias experiencias devastadoras en los campos de concentración nazis, donde fue testigo del poder del propósito para ayudar a las personas a soportar traumas y sufrimientos inimaginables.

El propio Dr. Frankl fue detenido y trasladado a un campo de concentración nazi con su esposa y sus padres en septiembre de 1942. Tres años más tarde, cuando su campo fue liberado, la mayor parte de su familia, incluida su esposa embarazada, había perecido. Pero él, el prisionero número 119104, sobrevivió.

En su libro best-seller, El hombre en busca de sentido, en el que relata sus experiencias en los campos, llegó a la conclusión de que la diferencia entre los que habían sobrevivido y los que habían perecido, a menudo, se reducía a dos cosas: sentido y propósito. Como él mismo lo vio en los campos, los que encontraban sentido y propósito, incluso en las circunstancias más extremas, eran mucho más resistentes y tenían más probabilidades de sobrevivir que los que no.

En los tres años que pasó en Auschwitz, el Dr. Frankl sobrevivió y ayudó a otros a sobrevivir inspirándoles a descubrir un propósito en la vida, incluso en medio del infierno en la tierra. En su libro da el ejemplo de dos reclusos suicidas que encontró allí. Como muchos otros en los campos, estos dos hombres estaban desesperanzados y pensaban que ya no había nada por lo que vivir.

"En ambos casos", escribe, "se trataba de hacerles comprender que la vida todavía esperaba algo de ellos; que se esperaba algo de ellos en el futuro.”5

Para un hombre, era su hijo pequeño que entonces vivía en un país extranjero. Para el otro, un científico, era una serie de libros que necesitaba terminar. Cada uno de esos hombres, con el aliento del Dr. Frankl, encontró el motor para continuar su viaje en la sublime promesa de servicio.

"Un hombre que toma conciencia de la responsabilidad que tiene para con un ser humano que le espera afectuosamente, o para con una obra inconclusa, nunca podrá desechar su vida", escribe el Dr. Frankl. "Conoce el 'por qué' de su existencia y [así] podrá soportar casi cualquier 'cómo’.”6

En otro contexto observó: "La vida nunca se torna insoportable por las circunstancias, sino sólo por la falta de sentido y propósito."

Resulta conmovedor que el punto de vista del Dr. Frankl sobre la psiquis humana se corresponda estrechamente con la concepción jasídica de nuestra naturaleza única y específica: Tenemos un alma bajo la superficie del yo, y esta alma constituye la base de nuestro ser y propósito, lo que nos conecta intrínsecamente con los demás y con Di-s. Frankl creía que la activación de este eje interior es lo que nos permite sanar, sobrevivir e incluso prosperar en medio del sufrimiento.

La mayor oscuridad, antes del amanecer

A lo largo de los años, la teoría heterodoxa y audaz de Frankl sobre la psicología humana provocó constantes burlas por parte de sus colegas. Su visión de la naturaleza humana difería, en ciertos aspectos clave, de las visiones partidistas que dominaban la disciplina de la psicología antes de la guerra, lo que lo convirtió a él y a su obra en blanco constante del sarcasmo de los académicos.

Fue precisamente esta degradación de sus más profundas creencias sobre la constitución interna del ser humano lo que le llevó a su propio punto de ruptura en 1960. Aunque había sobrevivido a los ataques de los nazis contra su cuerpo, ya no podía soportar los ataques de sus colegas contra su alma. En un acto de desesperación, el Dr. Frankl decidió cambiar radicalmente su vida, interrumpir su ejercicio (de la psicología), suspender sus investigaciones y llevarse a su familia de Viena a vivir a Australia.

Fue en ese momento cuando Marguerite Kozenn-Chajes, conocida cantante de ópera y descendiente de jasidim de vizhnitz, llamó a su puerta en Viena. El Dr. Frankl abrió y se encontró con una mujer elegantemente vestida a la que jamás había visto. 7 ,8

Se anunció como portadora de un mensaje personal dirigido a él por un Rebe jasídico, R. Menajem Mendel Schneerson, de Brooklyn, Nueva York. Al oír esta sorprendente explicación de su visita y reconocer el nombre del Rebe, éste invitó inmediatamente a la Sra. Chajes a entrar para conversar en privado.

"El Rebe me pidió que le dijera a usted que no debe rendirse. Debe permanecer fuerte. No se deje intimidar por quienes le ridiculizan. Usted tendrá éxito y su trabajo prosperará en gran manera".

Al oír la lejana voz tranquilizadora del Rebe, el Dr. Frankl rompió a llorar. Estaba completando los formularios de inmigración a Australia, pues ya se había dado por vencido. Sin embargo, la reafirmación de su propósito por parte del Rebe devolvió la vida al Dr. Frankl, como el buen doctor había hecho por tantos otros.

Tras recobrar la compostura, el Dr. Frankl se sintió lleno de renovado compromiso para continuar la obra de su vida. Tras el trascendental mensaje del Rebe, el Dr. Frankl redobló sus esfuerzos por difundir sus singulares conocimientos y enfoques terapéuticos orientados a sanar la fracturada psiquis humana. Poco después, su obra magna, El hombre en busca de sentido, fue traducida al idioma inglés, lo cual despertó un inmediato interés popular en su trabajo y su cosmovisión, interés que perdura hasta nuestros días. Esa obra ha sido traducida a veintiocho idiomas y se han vendido más de diez millones de ejemplares, sentando las bases de todo un género de literatura de autoayuda, así como del campo de la logoterapia: la filosofía y práctica únicas del Dr. Frankl en materia de salud psicológica y sanación.

Tanto el camino del Rebe como el de Viktor Frankl hacia la sanación psicológica y la supervivencia espiritual se pueden resumir en una de las declaraciones más penetrantes de Frankl: "La forma de encontrar sentido no es preguntar qué queremos de la vida. En lugar de eso, debemos preguntar qué quiere la vida de nosotros".

De hecho, nuestro propósito divino es la respuesta a esta oración tan humana. Y cada una de nuestras acciones es la forma en que decimos amén.

Este fue el consejo salvador que el Rebe dio a un hombre que había sobrevivido al Holocausto. Habiendo presenciado el asesinato de su familia a manos de los nazis, había decidido que nunca tendría una familia propia y había llegado a la conclusión de que no le quedaba nada por lo que vivir. Siguiendo el consejo de su rabino, viajó desde su residencia en Londres para visitar al Rebe, con la esperanza de recibir orientación.

Al llegar a 770 [sede de Jabad en Brooklyn], le concedieron una audiencia y se desahogó ante el Rebe, exclamando: "¡El Holocausto me arrancó toda mi vida y a mi familia. No puedo dormir por las noches porque revivo los horrores que he visto. He decidido no casarme nunca y no traer hijos a este mundo oscuro!"

El Rebe le miró profundamente a los ojos y le dijo: "Dada su terrible pérdida, comprendo sus sentimientos. Sepa que toda su familia le está observando y está muy preocupada por usted. Si usted vive la vida de una persona muerta, sólo estará continuando la tragedia de su muerte. Si vive una vida de amor, le traerá algo de consuelo (a sus seres queridos que ya no están). Todo lo que le queda a usted es el amor que siente por su familia y el amor que usted brindará a otras personas...

"De lo contrario, ¿por qué Di-s le dejó en la Tierra; por qué razón?".

Aquí el Rebe le recuerda al hombre que su supervivencia era parte del plan de Di-s y era Su manera de decirle: "¡Aun te necesito!".

"Encuentre una forma de mostrar amor a la gente que le rodea, y ese amor le traerá luz a su vida. Y por más que no se sienta con fuerzas, hágalo".

Urgido por la insistencia del Rebe, ese mismo día el hombre se comprometió a llevar alegría a la gente de su sinagoga distribuyendo golosinas a los presentes. Descubrió que los alegres destinatarios de sus regalos reavivaban su corazón sonrisa a sonrisa.

Más tarde, dijo: "Mi vida dista mucho de ser fácil, pero encontré un propósito... y el Rebe me enseñó una forma de llevar luz a mi vida, a través del amor que brindo a los demás.”9

Con ese mensaje crucial y conmovedor, el Rebe ayudó a sanar a una generación de sobrevivientes desplazados y quebrados, transformándolos en un grupo de trabajo de luz y amor Divinos. En un encuentro tras otro, sacó a la gente del abismo de su propio sufrimiento con la respuesta radical: “¡Di-s te necesita!” Así, convirtió a personas que tenían motivos para esperar lo peor de la vida y de la humanidad en personas dispuestas a dedicar sus vidas a encontrar y redimir lo mejor de la humanidad y del mundo.