Una noche, dos horas después de una audiencia con el Rebe, el diplomático israelí Yehuda Avner le preguntó:
—Rebe, ¿qué es lo que usted pretende conseguir?
—Yehuda —dijo el Rebe— fíjate allí, en el estante. ¿Qué ves?
—Una candela —respondió.
—No, no es una candela; es apenas un trozo de cera con un hilo en el centro. ¿Y cuándo es que ese trozo de cera se transforma en una candela? Cuando acercas una llama a la mecha y la enciendes.
Levantando la voz, el Rebe continuó con la clásica tonada talmúdica:
—La cera es el cuerpo del ser humano y la mecha es el alma. La llama es el fuego de la Torá. Cuando el alma se enciende con la llama de la Torá es entonces que la persona se transforma en una candela, alcanzando el propósito para el que fuera creada. Y ello es lo que intento hacer: ayudar a cada hombre y mujer a alcanzar el propósito para el que fueron creados.
Una hora más tarde, con el sol ya a punto de comenzar a brillar en el horizonte y la reunión llegando a su fin, Avner preguntó:
—¿Entonces, Rebe, ha encendido usted mi candela?
—No —respondió el Rebe con voz tenue.— Te he entregado la cerilla. Sólo tú puedes encender tu propia candela. 1
El Rebe solía citar una enseñanza de la Mishná:2 Hamaasé hu ha'ikar, cuyo significado es que lo esencial es la acción más que el estudio abstracto. De lo contrario, las enseñanzas y las palabras, por muy bellas, sabias o estéticas que sean, son devarim beteilim, "vano palabrerío" en que su poder para conmover e inspirar la acción se desperdicia.
Las enseñanzas espirituales, por muy inspiradoras y eruditas que sean, jamás deben quedar confinadas exclusivamente en el ámbito del pensamiento. La verdad busca una expresión tangible en el mundo y en nuestras vidas.
Los libros, como las velas, son herramientas excepcionales y esenciales para iluminar nuestras vidas y nuestro mundo, al menos potencialmente. Pero todo libro necesita un lector que lo abra y actúe según las ideas que contiene para que su luz penetre en el mundo. Del mismo modo, las palabras y las ideas también contienen un gran poder para motivar y transformar a las personas, pero sólo si cuando son internalizadas y tomadas lo suficientemente en serio como para actuar en consecuencia. Si una palabra permanece inerte en una página o atrapada en nuestras cabezas, es tan brillante como una vela apagada. Su verdadero potencial iluminador solo se alcanza cuando la asimilamos profundamente en el núcleo de nuestro ser.
En esencia, esta colección de principios y prácticas sobre el propósito es un libro de cerillas.
Pero recuerda: Sólo tú puedes encender tu propia candela.
Al final, el éxito de este libro depende de lo bien que integres su sabiduría en tu vida, haciendo brillar así tu luz única en el mundo.
Es mi sincera plegaria que todos, cada uno a su manera, se enciendan con estas enseñanzas, incorporándolas a sus vidas y relaciones a través de la reflexión continua, la conversación apasionada y la acción práctica. ¡Que todos tengamos el mérito de ver la luz infinita y la bondad Divina irradiando desde nuestro interior, desde el interior de los demás y desde el interior del mundo, por siempre y para siempre!
Escribe tu comentario