En 1958, tras el fallecimiento de un habitante de Kfar Jabad, un poblado del centro de Israel, el Rebe escribió una carta al consejo comunal al que el hombre pertenecía, en la que aludía a una relación entre la reciente pérdida y un acto de violencia cometido por uno de los habitantes del poblado contra otro.

Es evidente que desde la creación de Kfar Jabad [en 1949] ha existido una medida especial de protección divina... ¡tanto que ningún residente de la aldea ha fallecido en el ínterin! El carácter milagroso de este fenómeno es innegable. Sin embargo, para que la compasión divina pueda ser revelada, es necesario un “recipiente” apropiado, y el “recipiente” más adecuado para la bendición de Di-s es la paz, especialmente porque los líderes de Jabad, cuyo espíritu inspiró la creación de la aldea, han dado sus vidas por el amor a sus semejantes. Por lo tanto, es evidente que todos los residentes de la aldea deben ser muy cuidadosos en fomentar la paz, la unidad y la fraternidad...

P.D. Basado en las palabras de los Sabios en relación con [tratar de evitar] los efectos negativos que recaen sobre el otro [sobre el que ha agraviado]: los que fueron agraviados deben incrementar su observancia de la mitzvá, y no es necesario decir que deben desarraigar y erradicar cualquier resentimiento que pudieran albergar [contra quienes los hayan agraviado], Di-s no lo permita, Di-s no lo permita...1

También aquí el Rebe aclaró que el acto de violencia no fue la causa de la muerte, Di-s no lo quiera, sino que la ausencia previa de desunión hubiera significado el mérito que aseguraba una medida especial de protección.

La importancia que el Rebe otorgaba a la unidad y la paz era una marca registrada de su visión del mundo en general.

En 1987, un estudiante de la yeshivá viajaba en auto cuando su vehículo fue embestido por un camión provocando que el joven quedase gravemente herido2 .

Ese Shabat3 , durante su discurso, el Rebe hizo referencia a la tragedia y dijo que la manera de facilitar la bendición y la protección Divina es propiciando paz y armonía entre los hijos de Di-s4 .

Abordó este tema en una carta que escribió a los residentes de Kfar Jabad tras la masacre terrorista que había tenido lugar allí (en la escuela de oficios). En aquel momento, las dudas sobre el futuro del poblado alimentaron muchas disputas:

Es obvio, y este es el punto más fundamental de todos, que el espíritu de camaradería y hermandad entre ustedes debe ser alimentado y reforzado cada vez más... Aunque uno crea firmemente que su punto de vista es el correcto, e incluso si tal es el caso objetivamente, no obstante es más importante “pasar por alto las propias emociones” (sobreponerse a ellas), ya que el ideal de la paz es una tremenda virtud, que atrae y retiene las infinitas bendiciones de Di-s y tiene el poder de hacerlas tangibles y manifiestas en nuestra realidad5 .

Es natural que tras una pérdida —especialmente cuando se trata de víctimas de terrorismo, que intensifica los sentimientos de inseguridad y vulnerabilidad— las emociones y las pasiones se disparen. El resultado puede ser la fricción y la confrontación entre los líderes de opinión y los responsables de la toma de decisiones.

El Rebe enseñó que, especialmente después de una tragedia comunitaria, es importante que los líderes mantengan una claridad de propósito, dirigiendo a sus comunidades hacia la reconstrucción como una unidad cohesiva, enfatizando la importancia de la camaradería y la unidad como vehículos para la bendición divina, como se destaca en las palabras de la oración de la Amidá: Barjenu avinu kulanu keejad, “Bendícenos, Padre Celestial, [pues] somos uno”.