Cuando ocurre una tragedia —especialmente una tragedia de la magnitud del Holocausto—, incluso los que creen firmemente en Di-s se enfrentan a menudo a dolorosos interrogantes teológicos: ¿Es correcto cuestionar a Di-s o lamentarse ante Él? Y si no es así, ¿a quién debemos dirigirnos para encontrarle un sentido a la tragedia? Y por otro lado, si hallamos un sentido o aceptamos la tragedia, ¿ello significa de algún modo justificar el sufrimiento?

La postura del Rebe combina, por un lado, una fe inequívoca en Di-s y, por otro, una compasión sin licencias y la aceptación de la vulnerabilidad humana.

Esta capacidad de equilibrar tanto la perspectiva divina como la humana puede verse en la siguiente carta que el Rebe envió a una familia en duelo:

Les dirijo estas líneas con la esperanza de que les sirvan de consuelo.

Por empezar, hay muchos asuntos y sucesos que son difíciles de comprender para la mente humana. Entre ellos, también los hay que, aunque se puedan entender racionalmente, son difíciles de aceptar emocionalmente...

Un segundo punto a tener en cuenta es que un ser humano no puede comprender los caminos de Di-s. A modo de ilustración sencilla: Un infante no puede comprender el pensamiento y el comportamiento de un erudito o científico, aunque ambos sean seres humanos, y la diferencia entre ellos sea sólo relativa, relativa a la edad, formación y madurez. Además, es muy posible que el infante supere algún día al científico, que también comenzó su vida como un bebé..

En contraste, la disparidad que existe entre un ser humano creado y su Creador es absoluta. Por ello, nuestros Eruditos afirman que un ser humano debe recibir todo lo que sucede, tanto lo que es manifiestamente ventajoso como lo que resulta incomprensible, con la misma disposición positiva de “Todo lo que Di-s hace es para bien”, aun si se halla más allá del alcance del intelecto humano1 .

Si bien reconoce la dificultad emocional de ver a la Divina Providencia en eventos aparentemente sin sentido, el Rebe alienta cuidadosamente tal tipo de perspectiva.

Un anfitrión angustiado en cuya casa había fallecido una joven en medio de una celebración de culminación de un rollo de la Torá (caso mencionado en el capítulo 8) le planteó al Rebe los siguientes cuestionamientos:

A) ¿Cómo puede ser que una mitzvá, como lo es la escritura de un rollo de la Torá, sea la causa de semejante tragedia?

B) ¿Qué enseñanza debe extraer el anfitrión de que algo así sucediera en su propia residencia?

La respuesta del Rebe enfatiza el hecho de que los senderos de Di-s son inescrutables y al mismo tiempo sugiere una manera de ver el evento como guiado por la Providencia Divina:

Respecto del cuestionamiento A):

(1) Es imposible para el hombre, criatura finita, comprender todas las razones del Creador infinito. De hecho, no tendríamos forma de conocer siquiera algunas de las razones de Di-s, si no fuera porque Di-s mismo nos instruyó que las buscáramos en Su sagrada Torá (Torá significa “instrucción”).

(2) De acuerdo con la Torá, no es dable que algo negativo resulte de alguna de las ­mitzvot de Di-s (incluyendo la celebración de culminación del rollo de la Torá); por el contrario, éstas protegen contra el mal y lo previenen.

(3) A todos y cada uno de los individuos se les ha concedido una cuota determinada de años de vida en la tierra. Sólo en casos extremos los actos de uno pueden prolongar o acortar dicha cuota (por medio de algún pecado terrible, Di-s no lo permita).

(4) Basándonos en los puntos (1), (2) y (3) (descriptos previamente), tal vez podamos aventurarnos a decir que si la difunta (la paz sea con ella) no hubiera sido invitada a la celebración del Sefer Torá, se habría encontrado al comienzo de su ataque [al corazón] en un entorno completamente diferente: en la calle, en compañía de extraños; sin la presencia de un médico que era a la vez amigo y judío observante; sin escuchar, en sus últimos momentos en esta vida, palabras de aliento y sin poder ver las caras de sus conocidos y allegados. ¿(a) Puede uno imaginar la diferencia entre ambas posibilidades? ¿(b) (puede uno imaginar) lo que experimenta una persona en cada segundo de sus últimos momentos, especialmente una mujer joven y religiosa en un festejo en el que celebramos y re-experimentamos la recepción de la Torá del Todopoderoso?2

(5) De acuerdo con la enseñanza del Baal Shem Tov por la cual todos los sucesos y situaciones, incluyendo los detalles más pequeños, son resultado de la Providencia Divina, es factible que una de las auténticas causas por las que el Sr. Z. fue inspirado desde lo Alto para donar el rollo de la Torá (y que la ceremonia de culminación de la escritura se realizase en su casa) fue para que, en última instancia, la ascensión del alma de la joven fuera acompañada de una paz interior, que ocurriera en un hogar judío, hogar cuyo símbolo y protección es la mezuzá, que comienza con las palabras: “Escucha Israel, Di-s es nuestro Di-s, Di-s es Uno”.

Respecto de B):

(1) Obviamente, usted y su esposa, que tenga larga vida, tienen muchos méritos. Sin haberlo buscado, se les ha concedido la oportunidad desde lo Alto de realizar una mitzvá de primer orden: (a) aliviar los últimos momentos de un semejante; (b) ocuparse de una met mitzvá3 (difunto)hasta la llegada de la ambulancia. El mérito extremo de esto último puede derivarse del hecho de que la ley de la Torá obliga a un Kohen Gadol, Sumo Sacerdote, a salir del Sanctasanctórum en (el mismísimo día de) Iom Kipur (abandonando el servicio especial del día más sagrado del año) para ocuparse de un met mitzvá.

(2) Estos méritos especiales conllevan obligaciones especiales. En su caso, éstas incluirían comunicar lo antedicho a quienes pudieran desarrollar cuestionamientos idénticos o similares a los que usted plantea en su carta, hasta que logren ver el acontecimiento en su verdadera magnitud: una grandiosa manifestación de la Voluntad Divina4 .

La siguiente historia es otro ejemplo en el que el Rebe animó a un doliente a ver la Providencia Divina en su desafortunada situación:

La madre de una mujer que estaba preparando la boda de su hija falleció a una semana de la boda. La mujer tenía el corazón roto y no podía alegrarse por la celebración de su hija.

El Rebe escribió una carta5 a la amiga de la mujer y le pidió que compartiera con ella el contenido de un Midrash particular6 , que afirma que inmediatamente después de la destrucción del Templo Sagrado, nació el alma de Mashiaj, futuro redentor de Israel.

La yuxtaposición de la destrucción del Templo y el nacimiento del Mashiaj no fue una coincidencia aleatoria, escribió el Rebe; más bien es un reflejo del proceso Divino. Incluso cuando el sufrimiento inexplicable está destinado a ocurrir, Di-s proporciona un equilibrio y un camino para el consuelo. Cuando el pueblo judío tomó conocimiento de que había nacido el alma de su futuro redentor (que daría paso a la era mesiánica de paz universal mundial), le dio fuerzas para superar el golpe demoledor de la destrucción del Templo Sagrado.

Asimismo, aunque sería natural pensar que la boda se malograría debido a semejante y reciente pérdida y que la mujer se sentiría especialmente apenada porque su madre, por desgracia, no estaría físicamente presente en la boda, hay otra forma de ver su situación:

Di-s organizó la boda para que se celebrase en proximidad del fallecimiento de su madre, para que le resultase más fácil sobrellevar la pérdida, al ver el crecimiento de su familia y la perpetuación del legado de su madre.