Durante una época de dificultades económicas inesperadas, uno de los acaudalados jasidim de R. Schneur Zalman de Liadi —el Alter Rebe— se acercó a él en busca de bendiciones y consejos para dar un giro a su vida.
Hasta hacía muy poco, explicó el hombre, había sido exitoso en los negocios, hasta que sus asuntos tomaron un rumbo descendente y ahora se encontraba endeudado e incapaz de cumplir con sus numerosas obligaciones.
El Alter Rebe escuchó y luego, con una simple frase, cambió la trayectoria de la vida y el camino espiritual de este hombre: "Hasta ahora sólo has hablado de lo que tú necesitas, pero no de lo que de ti se pueda necesitar.” 1
Qué fácil nos resulta confundir lo que nosotros pretendemos de la vida con el propósito mismo de la vida. Ahora más que nunca, en una época de abundancia sin precedentes, está muy extendida la creencia de que la vida ideal depende de alcanzar los niveles más elevados de felicidad, placer y satisfacción personal.
Pero la búsqueda desesperada de la felicidad rara vez da los frutos esperados. En lugar de buscar la plenitud persiguiendo lo que creemos que necesitamos, es mucho más probable que encontremos la verdadera satisfacción y alegría centrándonos en nuestro propósito que Di-s nos ha impartido, es decir, lo que nuestro Creador necesita de nosotros.
Aquí encontramos una de las grandes y revolucionarias ideas inherentes al judaísmo. Di-s creó el mundo porque Él te necesita. Relee la última frase: Tu Creador —Di-s mismo, eterno, omnipotente y libre de limitaciones— te necesita. No porque Él sea inadecuado o carezca de algo. Di-s es ilimitado y completo por Su propia naturaleza. Más bien, metafóricamente hablando, eligió hacerse "vulnerable" para experimentar el amor y la alegría singular e infinita de ser elegido a cambio. En pocas palabras, Di-s no te ama porque te necesita. Te necesita porque te ama. No por carencia, sino por amor. Este mismo anhelo se manifiesta en la creación de todas las cosas, para que tú pudieras ser y alcanzar a Di-s al cumplir tu propósito sagrado.
Este fue el mensaje clarificador que ofreció el Rebe a un estudiante con dificultades que le preguntó cómo podría hallar su misión en la vida:
"La Mishná afirma que el hombre fue creado para servir a su Creador.” 2
Aquí, y en otros innumerables intercambios con personas que buscaban un camino hacia la plenitud, el Rebe ofreció este texto y enseñanza como la declaración de misión —de hecho, la mismísima raison d’être— de la humanidad. Este axioma espiritual define el servicio, en lugar de la felicidad, como el corazón palpitante de nuestra existencia y sirve como un llamado de atención para todos los que buscan la verdadera felicidad.
Hay Más en la vida
Las consecuencias de ignorar nuestro propósito divino en pos de la felicidad egocéntrica se ilustran en un intercambio epistolar entre el Rebe y un estudiante que acudió a él en un estado de depresión crónica. El estudiante escribió al Rebe: "Quisiera la ayuda del Rebe. Yo me levanto cada día triste y aprensivo. Yo no puedo concentrarme. Yo hallo dificultosa la plegaria. Yo observo los mandamientos pero no encuentro satisfacción espiritual. Yo acudo a la sinagoga, pero me siento solo. Yo empiezo a preguntarme qué es la vida. Yo necesito ayuda".
El Rebe envió una respuesta incisiva, que aclaraba el origen de la infelicidad del estudiante, sin utilizar una sola palabra. Simplemente tomó su bolígrafo, marcó con un círculo la primera palabra de cada frase de la carta y se la devolvió. Cuando el alumno abrió la carta y vio las marcas del Rebe, comprendió.
El Rebe había diagnosticado la perspectiva como la raíz de su malestar y le había puesto en el camino de la recuperación rodeando con un círculo cada instancia de la palabra "yo”. 3
Con una claridad y un estilo encantadores, el Rebe destaca cómo muchos de nosotros quedamos atrapados en la búsqueda egocéntrica de experiencias y elogios que creemos que satisfarán nuestros deseos y necesidades individuales en constante evolución, lo que generalmente deja poco espacio para servir a nuestro propósito Divino. En el mejor de los casos, este enfoque de la vida implica a Di-s y a los demás como facilitadores o colaboradores de nuestra búsqueda personal de satisfacción y realización. La felicidad que encontramos en esta carrera frenética rara vez satisface por mucho tiempo, lo que nos obliga a buscar nuevas experiencias, cada vez más grandes y más atrapantes, a medida que la alegría que acumulamos y buscamos se evapora rápidamente. En la mayoría de los casos, por muy profundas que sean nuestras supuestas experiencias cumbre, la felicidad obtenida nos deja paradójicamente vacíos y hambrientos por más. De este modo, con el tiempo, nuestro apetito empieza a consumirnos.
De hecho, según los investigadores modernos, la búsqueda obstinada de la felicidad está provocando que la gente sea menos feliz y, en muchos casos, directamente desgraciada. De hecho, como se observa en un artículo de Atlantic titulado There's More to Life Than Being Happy, la autora Emily Esfahani Smith señala que los investigadores y expertos en salud están empezando a advertir contra la búsqueda de la felicidad como un fin en sí mismo. 4
Esta cautela surge de los persistentes hallazgos de que una vida "significativa" y una vida "feliz" se superponen en ciertos aspectos, pero en última instancia son muy diferentes y derivan de enfoques de vida muy distintos. Lo más importante es que, según los investigadores, la búsqueda de una vida feliz se basa cada vez más en ser beneficiario, "receptor", mientras que llevar una vida significativa se corresponde con la condición de "dador".
El artículo cita a Kathleen Vohs, una de las autoras de Some Key Differences Between a Happy Life and a Meaningful Life, un estudio publicado en The Journal of Positive Psychology. En él observa: "Las personas felices se alegran recibiendo de los demás, mientras que las personas que llevan una vida significativa se alegran en dar a los demás.”5
Paradójicamente, parece que es precisamente cuando no perseguimos la felicidad y estamos dispuestos a dejarla de lado por el bien de los demás, que la hallamos inesperadamente.
Esta verdad se refleja cada vez más en el trabajo de los científicos sociales modernos, que sugieren que, a diferencia de los placeres fugaces e inconstantes de un enfoque más egocéntrico de la vida, dar y servir generan una calidad particular de felicidad que es a la vez significativa y duradera.6 De hecho, según investigaciones actuales, la alegría que se siente al hacer una buena obra tiene un impacto tangible en el cuerpo. De la misma manera que el ejercicio físico libera endorfinas en el cerebro, las cuales nos proporcionan bienestar de forma natural, los actos de caridad generan lo que los científicos denominan el "subidón del que ayuda.”7
En otras palabras, el ser humano está programado para derivar la verdadera felicidad del servicio a los demás.
Así lo ha confirmado recientemente un estudio que ha analizado datos de ciento treinta y seis países. Según Elizabeth Dunn, psicóloga por la Universidad de Columbia Británica y miembro del equipo de investigación: "en contraste con el pensamiento económico tradicional —que sitúa el interés propio como principio rector de la motivación humana— [nuestros] hallazgos sugieren que la recompensa experimentada por ayudar a los demás puede estar profundamente arraigada en la naturaleza humana, surgiendo en diversos contextos culturales y económicos. 8
Estas conclusiones se hacen eco de lo que la sabiduría judía nos viene diciendo desde hace siglos, a saber: la verdadera felicidad surge de seguir nuestro deseo innato de servir y hacer el bien en el mundo, más que de la búsqueda de la mera autosatisfacción.
En palabras del Rebe, de otoño de 1961:
"Puede haber dos enfoques de la vida:
”(a) Considerar [el objetivo de la vida] como una cuestión de placer, en cuyo caso se debe hacer todo lo posible por obtener el máximo [placer] de la vida...
”(b) Considerar la vida como un reto... para ayudar a hacer un mundo mejor en el que vivir, sobre todo teniendo en cuenta que la sociedad en la que vivimos dista mucho de ser perfecta. En este caso debemos esforzarnos al máximo para conseguirlo, incluso si ello implica sacrificar ciertos placeres personales y requiera de gran esfuerzo físico y mental constante. Pero, de hecho, es este último enfoque el que ofrece el máximo placer, el genuino placer y gratificación.” 9
Las semillas de la verdadera felicidad
La inclinación innata a ofrecerse al servicio de algo más allá de uno mismo se halla implantada en cada uno de nosotros. Según los cabalistas,10 una de las razones por las que Di-s creó el mundo fue para dar expresión a Su bondad. Como enseñan los Sabios, Teva Hatov l'heitiv, “la naturaleza de Aquel que es bueno es hacer el bien". Por consiguiente, nuestra singular propensión a dar es un reflejo natural de la imagen Divina a la que hemos sido creados. De este modo, nuestro compromiso con una vida de servicio se convierte en el único camino verdadero hacia el bienestar y la felicidad sostenibles.
Como bien dijo el Dr. Viktor Frankl, psicólogo y neurólogo austríaco: "La felicidad no se puede perseguir; debe surgir, y solo lo hace como efecto secundario involuntario de la dedicación a una causa superior a uno mismo...”11
Esta comprensión radical, a su vez, se convierte en un antídoto sagrado contra la idea insidiosa y debilitante que te machaca que la felicidad surge de la búsqueda del placer personal por sobre todo, y te invita a levantarte y exigir el camino hacia esa felicidad que Di-s creó solo para ti.
Como hemos visto anteriormente, hay tareas inherentes a tu vida, cosas que solo tú puedes hacer por ser precisamente quién tú eres y qué tú eres, viviendo en tu tiempo, forjado por tus experiencias y alineado con las circunstancias que forman parte de la historia de tu propósito divino. Di-s necesita que respondas al llamado al servicio para el cual te creó: una bondad que hacer, caridad que dar, paz que sembrar, dolor que curar, errores que corregir o vidas que reparar. Es precisamente en la búsqueda de este propósito sagrado personalizado donde se encuentra verdaderamente el sentido y, por tanto, la felicidad.
Como nos recuerda el Rebe: No es lo que crees que tú necesitas, sino aquello para lo que tú eres necesario, lo que trae la verdadera felicidad.
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