Cuando ocurre una tragedia, la mente puede volverse propensa a imaginaciones espantosas, especialmente cuando haya sufrido sucesivas tragedias. Las personas que se encuentran en estas situaciones suelen vivir con el temor de qué sucederá a continuación, repitiendo en su mente los posibles escenarios: “¿Sucederá nuevamente? ¿Se repetirá la calamidad, a la misma hora, en el mismo lugar, de la misma manera, o peor?”.
Aparte de la obvia confusión interior que provocan estos pensamientos aterradores, el judaísmo enseña que nuestros pensamientos negativos pueden afectar a la realidad para mal, convirtiéndose a menudo en profecías autocumplidas.
Este mensaje se puede entender en el relato bíblico de las interpretaciones de los sueños de Iosef durante su encarcelamiento en una prisión egipcia1 :
En ese momento, el mayordomo y el panadero jefe del faraón cayeron en desgracia y fueron puestos tras las rejas, donde confiaron sus sueños a Iosef. El mayordomo soñó que “la copa del Faraón estaba en mi mano y yo tomaba las uvas, las estrujaba en la copa y la colocaba en la palma del Faraón”. El panadero soñó que “las aves comían de las cestas [de pan] sobre mi cabeza”, algo que las aves temerían de hacer de un humano vivo2 .
Iosef interpretó estos sueños como que el Faraón reinstauraría al mayordomo a su posición, mientras que el panadero sería ejecutado y su carne despedazada por las voraces aves de su pesadilla. Pocos días después, tales predicciones se cumplieron. Si bien podemos leerlo como un evento de sueños proféticos y de análisis profesional de sueños, la historia también puede leerse como una visión de cómo nuestros pensamientos internos tienen poder sobre nuestros destinos. De acuerdo con la observación del Talmud de que los sueños nocturnos no son más que el eco de los sueños diurnos y los pensamientos conscientes, el mayordomo era claramente optimista sobre su destino, mientras que el panadero pensaba de manera más mórbida.
Un rabino angustiado escribió una vez al Rebe que su sinagoga había recibido recientemente un nuevo rollo de la Torá cuyo estado de kosher había sido cuestionado en dos oportunidades diferentes. Estaba muy preocupado, porque en un período de tiempo relativamente corto, dos jóvenes miembros de su comunidad habían fallecido y le preocupaba que hubiera una correlación entre los desafortunados eventos.
El Rebe respondió citando una célebre enseñanza del tercer Rebe de Lubavitch, el Tzemaj Tzedek: “Trajt gut vet zein gut” (“Piensa para bien, y estará bien”). Es decir, el mero ejercicio de pensar positivamente produce resultados positivos3 . Para que esta enseñanza no se tomase a la ligera ni fuese considerada una mera banalidad, el Rebe hizo referencia a un texto talmúdico.
El pasaje talmúdico que citó4 habla de los sueños y sus interpretaciones, incluyendo un episodio en el que en muchas ocasiones Raba recurrió a las habilidades de interpretación de un tal Bar Jedia. Las lecturas de los sueños fueron principalmente negativas y tuvieron resultados trágicos, entre ellos la muerte de la esposa de Raba y de algunos de sus hijos. Y continúa el Talmud:
Bar Jedia viajaba cierta vez con Raba en una embarcación. Al momento de descender, (Bar Jedia) dejó caer un libro. Raba lo encontró y vio escrito en él: “Todos los sueños siguen a la boca (los sueños se cumplen según cómo se los interprete)”. Exclamó (Raba): “¡Desgraciado! ¡Todo dependía de ti, tú (con tus interpretaciones pesimistas) me has provocado todo este sufrimiento!5 ”
Conforme un debate talmúdico relacionada, el mismo principio se aplica también a los pensamientos diurnos:
Sucedió cierta vez que Hilel el Anciano, al regresar de un viaje, escuchó un fuerte grito en la ciudad. Y dijo: “Estoy seguro de que no proviene de mi casa”. La Escritura describe a Hilel como alguien que no tiene miedo de las noticias negativas, ya que su corazón está firme y confiado en el Señor (Salmos 112:7).
Dijo Raba: “Siempre que expongas este versículo, puedes hacerlo de modo que la segunda premisa explique a la primera, o que la primera premisa explique a la segunda. Puedes hacer que la segunda premisa explique a la primera, de esta manera: ‘No temerá las malas noticias’. ¿Por qué? Porque ‘su corazón está firme, confiando en el Señor’. Y puedes explicar la segunda premisa en función de la primera, de esta manera: ‘Su corazón está firme, confiando en el Señor’, y, por lo tanto, ‘no temerá las malas noticias’.”6
El Talmud relata entonces otra historia:
Cierta vez Rabí Iehudá ben Natán suspiró (de miedo por cierta situación), y Rabí Hamnuna dijo: “Este hombre quiere atraer el sufrimiento sobre sí mismo, ya que está escrito (en Iob 3:25): ‘Porque algo que temía efectivamente me ha sucedido, lo que temía me ha alcanzado’.”7
En un discurso8 que el Rebe pronunció en 1963 se explayó sobre la dinámica filosófica y espiritual subyacente al principio de “Piensa bien y estará bien”.
Comenzó planteando un cuestionamiento obvio: ¿En qué se basa la creencia de que, ante cualquier desafío, “(la consecuencia) será buena”? ¿No es presuntuoso suponer que en toda situación o circunstancia seremos siempre merecedores de la gracia divina, independientemente de nuestra posición religiosa o moral?9
¿Y qué hay entonces de la creencia básica judía acerca del orden Divino de recompensa y castigo10 que gobierna nuestro mundo, por la cual la salvación depende de la conducta adecuada?
La respuesta del Rebe fue la siguiente:
Cuando un judío decide depositar su confianza en Di-s, en la creencia de que su crisis actual se resolverá favorablemente a pesar de enfrentarse a una realidad sombría que sugiere lo contrario, se eleva de esa manera por sobre su propia naturaleza, lo que a su vez provoca, recíprocamente, “medida por medida”, (esto es que de lo Alto se establezca) la suspensión del orden Divino11 por el cual sólo los virtuosos son merecedores de la salvación.
Di-s, el Creador del hombre, comprende lo difícil e incluso “sobrenatural” que es para un ser humano creer realmente —en la medida en que ya no experimenta miedo y ansiedad— que una situación poco prometedora e incluso, en apariencia (al menos), carente de toda esperanza tendrá un resultado positivo. Y, por lo tanto, como resultado e incluso en recompensa por el extraordinario acto de apego al concepto de trajt gut (“piensa para bien”), Di-s considera que este creyente, que de otro modo no merecería una consecuencia positiva, sí es merecedor en este caso de una medida extra de generosidad Divina.
Lo que sigue es una pequeña muestra de los cientos de cartas en las que el Rebe se refiere al citado concepto de “trajt gut vet zein gut”12 .
En respuesta a un individuo que envió un telegrama al Rebe solicitando su bendición para buena salud, el Rebe escribió:
Recibí su telegrama indicando que su operación tendrá lugar el domingo... y ciertamente todo saldrá bien y volverá a la normalidad.
Ya he escrito [en el pasado] expresando mi asombro respecto de quienes buscan interpretar los eventos que les ocurren a ellos o a miembros de su familia de manera “severa” [es decir, negativa, incluso mórbida], a pesar de que mi suegro, el [anterior] Rebe, ha declarado numerosas veces en nombre de sus predecesores la enseñanza: “Piensa en positivo, y [el resultado] será positivo”, y ciertamente [esto significa literalmente que] ¡todo estará bien!
..Espero que en un futuro próximo me notifique que todo ha ido correctamente y que su condición ha mejorado.
Aguardando buenas nuevas y con bendiciones para usted y los suyos13 .
En su respuesta a un individuo que había pedido que el Rebe orara por su esposa y su nieta enfermas, el Rebe profundizó sobre este tema:
En respuesta a sus dos cartas [solicitando bendiciones para la buena salud] sobre su esposa y su nieta... La misericordia divina despertará definitivamente para ellas y volverán a gozar de buena salud.
..Desaconsejo encarecidamente el comportamiento de quienes insisten, exageran y amplifican sus problemas de salud hablando y escribiendo sobre todos y cada uno de los problemas de salud que encuentran, lo cual va en contra de la filosofía de los rabinos que enseñan: “Piensa en positivo y el resultado será positivo”.
Si este es el caso con respecto al pensamiento positivo [que puede afectar a la realidad para mejor], cuánto más cuando se trata de hablar y escribir en positivo, que se considera como una acción14 .
En la siguiente respuesta a alguien que, al parecer, había escrito varias cartas pesimistas al Rebe describiendo los desafíos de su vida, el Rebe se explayó sobre los efectos (indeseables) de verbalizar los pensamientos negativos.
En su carta, el Rebe destaca lo novedoso de la máxima “Piensa bien…”, que enseña que el proceso de realización, en el que una idea y energía espiritual se manifiesta en la realidad física, no comienza a través de la verbalización de la idea (un punto común en los textos jasídicos) sino comienza antes aun y en un plano más espiritual: en el proceso del pensamiento.
En respuesta a su carta, de la que se desprende que aún no he logrado inspirarle un espíritu de optimismo, a pesar de haberle dicho en numerosas ocasiones que, según la enseñanza judía, uno debe abstenerse de introducir [verbalmente] ideas negativas y melancólicas en el mundo, lo cual es una forma de ayudar a evitar la materialización de la negatividad15 .
Y ello no sólo es aplicable a la verbalización que, según la enseñanza jasídica16 , tiene el poder de lograr que suceda en la práctica, como aprendemos de la conducta del Maguid [de Mezeritch] que verbalizaba sus ideas novedosas para “traerlas al mundo”, sino incluso el pensamiento tiene ese mismo poder, como lo vemos de la enseñanza de nuestros Rebeim (maestros): “Piensa para bien y esta rá bien”, razón por la cual uno debe abstenerse de pensar negativamente, para evitar que se materialice la negatividad17 .
En otra carta, el Rebe respondió fuertemente a un estudiante de ieshivá, que le escribió en medio del verano sobre sus planes de volver a casa de su ieshivá durante las Altas Fiestas para estar con su padre, que no gozaba de buena salud por entonces. Después de bendecir al padre del estudiante con buena salud, el Rebe escribió:
p.d. Con respecto a la idea que propones en tu carta, de permanecer en casa durante los Días de las Altas Fiestas, aunque muchos estudiantes permanecerán en la ieshivá, ya que tu padre no se encuentra bien: ¡Me sorprendió mucho y me desconcertó la aparente falta de confianza en Di-s, de asumir y hacer planes concretos, desde ahora en pleno verano, (sobre dejar el ambiente espiritual de la ieshivá y, como resultado, disminuir tu dedicación a la plegaria de corazón18 ), bajo la presunción de que tu padre continuará enfermo dentro de un mes!
Sería mucho mejor y más aconsejable dar por sentado, en cambio, la declaración de los Rebeim (Maestros), “Piensa en positivo y el resultado será positivo”, que la salud de tu padre mejore definitivamente para entonces, permitiéndote dedicar mayores energías a tu desarrollo espiritual.”19
La carta anterior me trae a la mente la siguiente historia:
Durante una audiencia privada con el Rebe, un jasid mencionó que debía someterse a una operación muy seria dentro de unas semanas, y le pidió al Rebe una bendición para que la cirugía resultase en éxito. El Rebe se puso serio y le dijo con toda franqueza: “¡En lugar de pedirme que orase para que la operación fuese exitosa, bien podías pedirme que orase para que no debas operarte (en absoluto)!”20
Dicha historia nos enseña que no sólo nuestros pensamientos afectan a la realidad, sino que incluso nuestra actitud y forma de pensar (que refleja nuestro grado de fe) influye profundamente en nuestra realidad, tanto para bien como para mal.
Además de los efectos negativos del pensamiento pesimista en la realidad, el Rebe desaconsejaba fuertemente el pensamiento y la visualización negativos debido a sus efectos psicológicos depresivos e inductores de la desesperanza, los cuales pueden conducir también al deterioro fisiológico.
Consideremos la siguiente carta del Rebe, dirigida a un individuo que no estaba satisfecho con el consejo médico que le habían brindado sus médicos y decidió investigar su condición leyendo algunos libros y revistas médicas y sacar sus propias conclusiones:
En respuesta a su carta en la que me informa de las numerosas operaciones a las que se sometió en el pasado...
..Es lamentable que se haya puesto a leer y a investigar sobre su condición médica por entender que es de su competencia. En mi opinión, debería preocuparse más bien, según las directivas de la Torá, de seguir las órdenes de los médicos y dedicar su mente y su corazón, y todas sus facultades de concentración, a pensamientos de confianza en Di-s, el Sanador de todos los pacientes, que puede crear maravillas.
Seguramente no es aconsejable involucrarse en la investigación médica [de su condición], que no es dominio suyo [sino de sus médicos], especialmente si esto perturba su paz interior y desencadena pensamientos de depresión y desesperanza. [En este sentido, es bien conocida la enseñanza de los Rebeim de Jabad: “Piensa en positivo y el resultado será positivo”.21
El Rebe elaboró este tema en la siguiente carta que escribió en 1952 a una mujer enferma:
Si bien me complace leer en su carta la mención de que Di-s es el Creador del mundo, Quien también guía todos sus destinos, etc., esta muy buena impresión se debilita por el tono posterior de su mensaje, donde afirma que quiere ser “realista”, basándose en el pronóstico de los médicos respecto a su condición. En primer lugar, deseo expresar que, aun desde una perspectiva pragmática, es necesario admitir que en muchas ocasiones, los más destacados profesionales de la medicina han cometido errores en sus diagnóstico. Además, en los últimos tiempos vemos que cada día se hacen nuevos descubrimientos en el campo de la medicina, con nuevos medicamentos y métodos maravillosos que constantemente revolucionan el tratamiento médico.
En segundo lugar, observando la vida en general, vemos tantas cosas extrañas e increíbles que, para ser verdaderamente realistas, no se puede considerar nada como imposible22 .
En una condición que está, en gran medida, ligada al sistema nervioso y a la resistencia del organismo, incluso la opinión médica está de acuerdo en que cuanto más fuerte sea la fe del paciente en la sanación, y cuanto más fuerte sea su voluntad de mejorar, más fuerte será su capacidad de recuperación. No es necesario aclarar que no digo esto a modo de advertencia. Pero ya que, por la divina Providencia individual, usted ha sabido de mí y yo de usted, creo que tengo derecho a transmitirle los pensamientos anteriores, que tuve el privilegio de escuchar de mi suegro, de santa memoria, en casos similares.
Que el Todopoderoso le ayude a cumplir su promesa de trabajar por los movimientos de la Torá y de educar a sus hijos en el camino del verdadero Yidishkeit23 .
La conexión entre el estado emocional y físico del ser era una característica importante24 del pensamiento del Rebe y puede verse en el cuidado que tuvo de no usar nunca la palabra hebrea común para “hospital” (beit jolim), que literalmente significa “casa de los enfermos”, claramente una manera muy desalentadora de referirse a la misma institución que se supone que debe inspirar confianza y esperanza.
En una carta al profesor Mordejai Shani, director del centro médico Sheba en Tel Hashomer, Israel, el Rebe hizo referencia a una conversación anterior que habían tenido en la que le había instado encarecidamente a referirse al hospital como beit refuá (casa de sanación) en lugar de beit jolim (casa de enfermos). “Aunque... esto parecería representar un cambio semántico, el término beit refuá da ánimo a los pacientes...25 ”
La misma preocupación llevó al Rebe a advertir a los médicos en la forma en que discuten los temas de salud con sus pacientes:
“Seguramente ya conocen el comentario de nuestros grandes Maestros sobre el dictamen de los Sabios: “‘Él [el médico] debe proveer curación’. De tales palabras derivamos que a los médicos se les concede (de lo Alto) autorización para curar”; lo que equivale a decir que el único mandato que (de lo Alto) reciben los médicos es el de proveer sanación [mas no inducir la angustia de sus pacientes por medio de pronósticos desalentadores]”.26
La siguiente historia pone de manifiesto la insistencia del Rebe en que el dominio del médico es sólo el diagnóstico mas no el pronóstico.
Cuando su esposa fue diagnosticada de una grave enfermedad que amenazaba su vida, un marido angustiado fue a ver al Rebe llevando consigo a sus dos hijos pequeños.
“Rebe”, rompió a llorar, “acabo de emigrar a los Estados Unidos con mi familia. Ni siquiera sé hablar inglés. Y ahora mi esposa va a morir dejándome (solo) al cuidado de estos dos pequeños”.
“¿¡Pero quién ha dicho que ella morirá!?”, preguntó el Rebe, visiblemente molesto. “El médico”, respondió. “¿Tienes el informe de (semejante) pronóstico contigo?”, preguntó el Rebe.
“Sí”, dijo el hombre, entregándoselo al Rebe. El Rebe tomó el papel y lo rompió. “¿¡Desde cuándo los médicos determinan quién vivirá y quién morirá!?”, cuestionó. “¡Sólo Di-s puede hacerlo! Ahora, regresa a tu casa y dile a tu esposa que debe continuar tomando la medicación que le han prescripto y se pondrá bien”.
Felizmente, esa mujer, esposa y madre, vivió por muchos años más27 .
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