El famoso maestro jasídico, R. Levi Itzjak de Berditchev, se encontró cierta vez con un judío que estaba fumando en Shabat. Le dijo: “Amigo mío, quizás has olvidado que hoy es Shabat”.

“No, rabino, sé que es Shabat”, respondió.

“Ah”, dijo R. Levi Itzjak, “quizás has olvidado o nunca has aprendido que está prohibido fumar en Shabat”.

“Por supuesto que sé que está prohibido fumar en Shabat”, dijo el hombre, cortando su última defensa razonable.

Al oír esto, R. Levi Itzjak dirigió su mirada al cielo y gritó con fervor: “Amo del Mundo, ¿quién es como Tu Pueblo, Israel? Incluso cuando le di a este judío todas las oportunidades para mentir y mitigar su ofensa, se negó a hacerlo. ¿Dónde se encuentra una honestidad tan escrupulosa en todo el mundo?”1

Incluso ante tal descaro y desprecio público de los dictámenes de la ley de la Torá, R. Levi Itzjak se esforzó por encontrar algo positivo en lo que centrarse. Este tipo de visión redentora, siempre capaz de encontrar una chispa oculta de bondad sobre la que construir incluso en las peores circunstancias, es un sello distintivo de la visión del mundo jasídico en general, y del Sesgo de Positividad del Rebe en particular, como veremos en las siguientes historias.

La sinceridad de un niño

En Shavuot, 5738 (1978), fuera de 770 Eastern Parkway, un niño se acercó y tomó la mano del Rebe, pensando que era la de su padre. El Rebe sostuvo su mano y continuó caminando con él. Sin darse cuenta de su error, el niño tomó el abrigo del Rebe y se limpió la cara en él.

La madre del niño se horrorizó al enterarse del hecho, y escribió una disculpa al Rebe, exclamando que estaba dolida por lo que había sucedido. Pronto recibió su carta de vuelta, con la respuesta del Rebe.

El Rebe había escrito “?!” después de la palabra “dolida”. Luego agregó: “Al contrario: Me produjo un gran placer. No es posible cuantificar la integridad, la sencillez, la inocencia y la sinceridad de un niño, si tan sólo se pudieran encontrar cualidades similares en los adultos”.2

En lugar de reprender o reaccionar negativamente ante la “falta de respeto” del niño por limpiarse la cara en su abrigo, el Rebe optó por centrarse en los rasgos de carácter positivos expresados en ese acto de familiaridad amorosa.

Sin importar el tipo de vergüenza, problema o desventaja que se le presentara, el Rebe podía identificar algún eje oculto en él y girarlo para convertirlo en útil o beneficioso.

De hecho, dentro de casi cualquier evento o conversación, hay elementos positivos y negativos. Con la práctica y la diligencia, nosotros también podemos aprender a localizar estas chispas internas de bondad y hacerlas brillar.

Linaje desde el mismísimo comienzo

Cierta vez, una pareja buscó el consejo del Rebe con respecto a una posible pareja para su hija. Tenían dudas porque ellos venían de un linaje religioso muy distinguido, pero no así su potencial yerno.

“¿No es esto una duda válida?”, preguntaron.

El Rebe respondió: “¿Habríais rechazado tomar a Abraham, nuestro antepasado, como yerno? Después de todo, su padre, Teraj, adoraba a los ídolos...”3

El joven no fue criado en el sendero de la religión, pero el Rebe vio en él el destello de un prototipo heroico. Seguramente había mostrado algún nivel de sacrificio al apartarse del entorno de su crianza, como el propio Abraham. Tal vez los padres lo aceptarían, no a pesar del hecho de que había tenido un pasado irreligioso, sino a causa de ello, por la convicción y el coraje que requerió dejar atrás lo conocido.

Una Idishe Mame

R. Jaim Gutnick, de Australia, informó al Rebe sobre una clase de matrimonio y maternidad que había organizado. Se quejó de que sólo había asistido una mujer. El Rebe respondió: “¿Y cuántas madres tuvo Moshé?”.4

No existe el fracaso para un optimista virtuoso, un compositor de la vida. Para una persona así, cada mujer u hombre se entiende como un instrumento potencial de redención, vibrando con méritos no cantados que podrían añadir las notas culminantes a la sinfonía de la historia humana.

Cada situación también puede verse como parte de un cuadro mucho más amplio, si tenemos los ojos para ver y los oídos para escuchar.

Ama a tu competidor como a ti mismo

Cierto shliaj (emisario) del Rebe se trasladó a una zona en la que las instituciones judías estaban decayendo. Algunas organizaciones ya habían renunciado a construir la vida judía allí porque no veían ningún potencial. Sin embargo, el shliaj entró valientemente en la lucha. Tras ocho años de esfuerzos constantes para sembrar una comunidad, acababa de empezar a ver un brote. Entonces, repentinamente, otras organizaciones empezaron a invertir fuertemente en programación paralela, compitiendo con su trabajo y socavando todo lo que había creado.

El shliaj escribió al Rebe y le pidió permiso para trasladarse a otra zona donde pudiera ver un mayor éxito de sus esfuerzos.

El Rebe respondió:

“Todo lo que has hecho allí está teniendo un gran éxito. Comenzaste desde el Alef bet [es decir, lo básico] en todos los sentidos. Y ahora, a través de las instituciones y actividades que vos y tu esposa han establecido, su ciudad se ha transformado hasta el punto de que otros grupos religiosos [le están emulando y aumentando sus actividades]. Habiendo elevado el perfil local de la Torá y las mitzvot, usted se ha convertido en una presencia distinguida en la ciudad, ampliamente respetada por los líderes y funcionarios de la ciudad, y después de todo esto se pregunta ¿por qué hay algunos que lo envidian [y buscan emularlo]?”.5

Con un simple gesto de confianza, el Rebe dio vuelta el problema: el repentino crecimiento de la competencia no era un signo del fracaso del shliaj; más bien, era un signo de su “gran éxito”. Las organizaciones no eran malas hierbas que invadían el jardín del shliaj. Simplemente habían aprendido de su ejemplo que la productividad era posible y, por tanto, habían renovado sus propios esfuerzos.

Cuando interiorizamos plenamente el hecho de que hay un punto oculto de bondad y de Divinidad dentro de cada persona y acontecimiento, entonces somos capaces de encontrar y conectar intuitivamente con esas chispas sagradas, incluso cuando están revestidas de comportamientos o circunstancias aparentemente negativos.

Música para los oídos de Di-s

La festividad de Purim es encantadora para los niños, sobre todo cuando llevan a la sinagoga sus ruidosos instrumentos para acallar el nombre del villano Hamán cuando se lee en voz alta. En un momento dado, durante la lectura de la Meguilá en la sinagoga del Rebe, los niños se dejaron llevar por su entusiasmo al hacer ruido. Algunos de los adultos se pusieron tensos porque no podían oír bien la lectura e intentaron callar a los niños.

Más tarde, sin embargo, el Rebe se dirigió a esos adultos:6

En su inocencia, los niños estaban disfrutando del espíritu de Purim. Por supuesto que Uds. desean escuchar la lectura, pero también debemos apreciar la gran alegría de Di-s al ver a estos niños celebrar.

Si ponemos nuestro modo por defecto en positivo, nosotros también seremos capaces de detectar el deleite divino dentro de la interrupción y aprenderemos a celebrar la preciosidad y la pureza incluso de aquellos que parecen insensibles al espíritu y al significado interno de las mitzvot.

Una buena señal

Una joven familia tuvo una audiencia privada con el Rebe en Janucá. El Rebe ofreció un regalo de monedas al hijo pequeño, como es costumbre en Janucá. Por alguna razón, el niño rechazó el regalo del Rebe. Después de un par de intentos fallidos, el Rebe comentó amablemente: “¡Es una buena señal! No es alguien que ansía el dinero”.7

En lugar de ver en la negativa del niño los signos de una personalidad difícil, el Rebe interpretó su comportamiento como una indicación de buen carácter.

Al centrarse rápidamente en lo bueno y revelarlo con calma y calidez, el Rebe curó, elevó, educó y animó a todos los individuos que conoció.

Verdaderamente nuevo

Un profesor sumamente culto informó cierta vez con orgullo que estaba abriendo un programa educativo para judíos rusos que ni siquiera sabían leer del sidur. El Rebe respondió enérgicamente: “¡Para ellos, el mandato de que 'la Torá debe permanecer siempre nueva a sus ojos' puede ser practicado literalmente!”8

Este maestro, con su comentario y su tono, había revelado al Rebe que muy sutilmente despreciaba la falta de conocimientos de sus alumnos. El Rebe, con su característico estilo cariñoso, aprovechó la conversación para ayudar a este profesor a ver a sus alumnos bajo una luz diferente. Mientras que las desafortunadas circunstancias no habían permitido a estos estudiantes el beneficio de una educación judía, estas mismas circunstancias les permitían acercarse a la Torá con una curiosidad y creatividad con gran entusiasmo. Incluso tenían una ventaja sobre los eruditos experimentados, cuyos conocimientos pueden, paradójicamente, excluir u oscurecer los enfoques novedosos de un determinado tema de estudio.

En nuestro último ejemplo, cabe destacar que el Rebe vivía los mismos consejos que daba a los demás, y aplicaba su característico Sesgo de Positividad a sus propios retos, incluso en asuntos de vida o muerte.

El vaso medio lleno

En innumerables ocasiones el Rebe enseñó que el optimismo, reforzado por la confianza en Di-s, es tan importante para el proceso de curación como la medicina y los médicos. En Shemini Atzeret 5738 (1977), sufrió un grave ataque al corazón. Dos días después, insistió en dar una conferencia, como había hecho ese día en particular durante los últimos 38 años.

“Debe cuidar su salud”, insistió el médico. “Si no, hay un 25 por ciento de posibilidades de recaída”. El médico preguntó si el Rebe entendía lo que había dicho. “Oh, sí”, dijo el Rebe con una sonrisa. “Usted dijo que incluso si no cuido mi salud —lo cual, le aseguro, haré— hay un 75 por ciento de posibilidades de que no haya una recaída”.9

La paráfrasis positiva de la vida del Rebe puede parecer radical para algunos, pero en realidad es una perspectiva necesaria para que todos nos comprometamos lo mejor posible. Si aplicamos algo del optimismo del Rebe a nuestras propias vidas, los problemas se revelarían como potenciales para el crecimiento, los enemigos se entenderían como maestros, y los contratiempos se verían como lo que realmente son: ¡trampolines para el siguiente nivel!