La empatía genuina exige ponerse en el lugar del otro. Así, la pregunta que debemos hacernos al responder a una tragedia no es: “¿Qué querría yo que los demás hiciesen por mí si yo, Di-s no lo quiera, me encontrase en una situación similar?”, sino: “¿Qué querría este doliente de quienes procuran aliviarle su dolor?”.

Este tipo de reflexión podría ayudar a evitar esfuerzos u ofrecimientos fuera de lugar para honrar al difunto, que pueden provocar un dolor innecesario a la familia, especialmente si tales ofrecimientos son percibidos como un intento disimulado de aprovecharse de la situación para avanzar en la agenda del otro.

La sensibilidad del Rebe hacia esta cuestión puede verse en la posdata de la carta antes mencionada que dirigió1 al rabino Herbert Weiner después de la pérdida de su madre (del rabino):

p.d. Sobre la base de nuestro conocimiento personal y de lo que he oído de usted por amigos en común, me tomo la libertad de sugerirle que además de [recitar] el Kadish en las oraciones diarias, como es costumbre, también debería analizar alguna ley judía práctica públicamente, como por ejemplo del Kitzur Shulján Aruj (Código de la Ley Judía). Esto es de especial importancia en nuestra época, y tiene muchas implicaciones valiosas. Sobre todo, es un zejut harabim (“mérito público”), unido a un zejut especial para el alma del difunto. Además, promover la adhesión a la Voluntad de Di-s, especialmente por parte de una persona influyente, da expresión práctica a [las palabras de inicio del Kadish] “Glorificado y santificado sea el nombre de Di-s...”2

A continuación, el Rebe añadió:

Todo lo anterior ha sido escrito como una Posdata y en una hoja separada, pero no porque sea de menor importancia que la carta que le precede. Sin embargo, nuestros Sabios nos recordaron sabiamente que debemos ser considerados hacia una persona en sufrimiento. Podría pensarse que aquí viene un hombre que no es pariente y que desea “aprovecharse” de una experiencia difícil y desgraciada para hacer avanzar “sus ideales”. Por esta razón, esta parte de la carta la he escrito por separado de la primera.

Seguramente, nadie sentía tan fuertemente el ideal de promover la práctica judía como el Rebe, y, sin embargo, ese ideal, por muy noble que fuera, era superado por su sensibilidad hacia las necesidades de los dolientes.